Testamento de san Juan Eudes

Testamento de san Juan Eudes

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y en honor y unión del testamento que mi Jesús hizo en el último día de su vida mortal en la tierra, hago el siguiente testamento, únicamente para gloria de mi Dios.

  1. De todo corazón me entrego a mi Salvador para unirme a la fe perfecta de su santa Madre, de sus apóstoles, de sus santos y de toda la Iglesia. Y en unión con esta fe declaro ante el cielo y la tierra que quiero morir como hijo de la santa Iglesia, católica, apostólica y romana y como fiel creyente en todas las verdades cristianas que ella enseña; y con este fin me ofrezco a mi Dios para sufrir, mediante su gracia, todos los tormentos imaginables y todas las muertes posibles por esta causa.
  2. De todo corazón me doy al amor infinito por el que mi Salvador murió en la cruz por mí y por todos los hombres. Unido a ese amor acepto la muerte en el tiempo, lugar y manera que le plazca enviármela, en honor y acción de gracias de su santa muerte y de la muerte de su gloriosa Madre. Y que por su Corazón adorable que estalló de dolor en la cruz y de amor por nosotros, me conceda la gracia de morir en su amor, por su amor y para su amor.
  3. Postrado en espíritu a los pies de todos mis hermanos y de todos aquellos a quienes he causado disgusto o dado mal ejemplo les suplico de todo corazón que me perdonen por amor a nuestro Señor y que le pidan tenga misericordia de mí.
  4. De todo corazón me doy al amor infinito que llevó a Jesús, mientras estaba en la cruz, a orar a su Padre por sus verdugos, diciendo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Unido a ese mismo amor digo a mi Padre celestial, desde lo más hondo de mi corazón, por todos los que me han ofendido, s i es que puede hablarse de ofender a un miserable pecador como yo: Padre, perdónalos porque no sabían lo que hacían. (Lc. 23. 34)
  5. Declaro que es mi intención recibir el santo viático y la extrema unción y suplico a mis queridísimos hermanos me los administren mientras tenga el uso de razón. Me entrego a mi Dios para unirme a las disposiciones santas con que los recibieron tantos santos. Y si aconteciese verme privado de ellos ruego a mi Redentor misericordioso obre en mí los efectos de esos sacramentos y que sea por su sola gloria.
  6. Si llegase a perder el uso de mi razón y de mis sentidos exteriores, hago míos con todo mi corazón los actos de fe, de esperanza, de caridad, de humildad, de conformidad, de contrición y otros que se hagan por mí, sea en la tierra o en el ciclo. Suplico a mis queridos hermanos, a mi ángel de la guarda, a san Miguel, san Gabriel y demás ángeles, a san José, san Joaquín, santa Ana, san Juan Bautista, san Juan Evangelista, san Lázaro, santa Magdalena, santa Marta, los santos apóstoles, los santos mártires, los santos sacerdotes, las santas vírgenes, a los santos inocentes y a todos los santos y santas del paraíso, sobre todo a mi divina Madre, la santa Virgen, que suplan mis deficiencias y cumplan ante m i Dios mis obligaciones; que hagan por mí lo que más agrada a su divina Majestad. Declaro que es m i deseo que todos los latidos de mi corazón y todas mis respiraciones, sean otros tantos actos de contrición, de conformidad, de alabanza y de amor hacia mi Creador y mi Salvador.
  7. De todo mi corazón me entrego al amor infinito por el que mi Jesús entregó su alma santa al Padre, diciendo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46), y en unión de este mismo amor, yo dono la mía a este Padre de Misericordias, Dios de toda consolación, diciéndole: Padre en tus manos encomiendo mi espíritu. Yo la deposito también en el amabilísimo Corazón de Jesús y de María, hoguera muy ardiente del amor eterno, suplicándoles muy humildemente de abrazarla, consumir y transformarla en una muy pura llama de este divino amor.
  8. Si pudiera expresar mis anhelos desearía que me enterraran en nuestra iglesia de Caen, consagrada al Corazón de Jesús y de María. Pero abandono totalmente mi cuerpo y mi alma a la divina voluntad y me someto gustoso a lo que le plazca disponer al respecto en el tiempo y por la eternidad. Acepto con alegría que mi cuerpo se reduzca a polvo y que todos sus granos sean otros tantos actos de adoración y de alabanza al misterio de la sepultura de mi Salvador y de su santísima Madre.
  9. Suplico a mis queridos hermanos que me entierren con el pequeño hábito blanco de mi divina Madre, incluido el ceñidor de seda blanca y el corazón adornado con una cruz de seda roja, como también el alba que tengo destinada para ello. Deseo tener conmigo el santo escapulario y el mismo santo rosario que me dio sor María, el original de mi testamento del que se guardará esta copia y el CONTRATO DE ALIANZA que hice con la santísima Virgen y sobre todo la santa imagen, elaborada en parte con santas reliquias, que se encuentra en un pequeño nicho de cobre dorado.
  10. Con toda mi voluntad me doy al amor incomprensible con el que mi Jesús y mi buena Madre me dieron, de manera especial, su Corazón amabilísimo. Unido a ese amor, doy este mismo Corazón, como algo que me pertenece y del que puedo disponer para la gloria de mi Dios, a la pequeña Congregación de Jesús y María. Selo dejo para que sea la herencia, el tesoro, el patrono principal, el corazón, la vida y la norma de los verdaderos hijos de esta Congregación. Igualmente doy y consagro esta misma Congregación a este divino Corazón para que esté dedicada a su honor y alabanza en tiempo y eternidad. Suplico y conjuro a todos mis hermanos muy amados que le tributen y le hagan tributar toda la gloria que les sea posible; que celebren sus fiestas y Oficios en los días señalados en nuestro Propio con la mayor devoción y que hagan alguna predicación sobre este tema en todas las misiones. Que se esmeren por imprimir en su corazón una imagen perfecta de las virtudes de este santísimo Corazón; que lo miren y lo sigan como a la primera norma de su vida y de su conducta. Que entreguen a Jesús y María todas sus acciones y actividades para realizarlas en el amor, la humildad y las demás disposiciones de este sagrado Corazón. Así amarán y glorificarán a Dios con un Corazón digno de Dios, Corde magno et animo volenti (Mac 1, 3)), y serán conformes al Corazón de Dios y verdaderos hijos del Corazón de Jesús y de María.
  11. Doy también este corazón preciosísimo a mis queridas hijas, las religiosas de Nuestra Señora de la Caridad, a las carmelitas de Caen y a todos mis demás hijos espirituales, en especial a quienes tienen afecto particular por su indignísimo Padre y cuyos nombres están escritos en el libro de la vida. Los entrego a todos y cada uno a ese buen Corazón con las intenciones señaladas en el artículo precedente. Les prometo que, si Dios me da la gracia, como lo espero de su infinita misericordia y de la caridad incomparable de su santa Madre, tendré en el cielo solicitud especial por ellos y los asistiré en la hora de su muerte en compañía de la bondadosa Virgen.
  12. Prosternado a los pies de mi Jesús, a quien adoro como al Institutor, Fundador, Superior y Padre de nuestra Congregación, y ante la Reina de] cielo, institutora, fundadora, superiora y Madre de la misma Congregación, les suplico humilde y encarecidamente, por su benignísimo Corazón, y ruego a todo el paraíso que se sume a mi súplica, que en mi lugar designen para gobernarla a alguien que sea según su Corazón, que repare las faltas que he cometido y la conduzca conforme a su espíritu. Y como conozco mejor que nadie las cualidades y disposiciones de los miembros de la Congregación, ruego a mis queridos hermanos acepten que les diga que nadie es tan apropiado, bajo todos los aspectos, para este cargo como nuestro queridísimo hermano (no lo nombra y no hay punto final en el original)
  13. Les pido también que consideren las Reglas y Constituciones que les dejo no como algo mío sino como salido de las manos de nuestro Señor y de su santa Madre, así como los Oficios y oraciones que se encuentran en el Propio y en el Manual de nuestra Congregación; que las observen y practiquen exactamente por amor a ellos. Les declaro que el Hijo y la Madre amarán, protegerán y bendecirán siempre a quienes así se comporten y los tratarán en este mundo y en el otro como a verdaderos hijos de su Sagrado Corazón. Pero no considerarán, ni en la vida ni en la muerte, como hijos de su Congregación a quienes desprecien o descuiden estas Constituciones o esos Oficios.
  14. El relicario de plata que tiene la figura de un corazón y que llevo conmigo, lo lego a la sacristía de nuestra casa de Caen para que esté inseparablemente unido a la imagen de la santísima Virgen que se expone en el altar cuando se cantan las letanías.
  15. Mi crucifijo, lleno de santas reliquias, lo dejo a mi sucesor y le ruego que haga cada noche y cada mañana los actos que se encuentran en el REINO DE JESÚS en honor del crucifijo,
  16. Le encargo también a él que disponga de las otras reliquias que mantengo conmigo y que se encuentran en el pequeño cofre que está cerca de la ventana de mi cuarto que da sobre el huerto de los reverendos padres jesuitas, y de las medallas que están allí y en la gaveta de mi escritorio; doy todo esto por sus manos a quien él designe.
  17. Lo conjuro a él y a todos sus sucesores que no dejen de hacer cada año la visita de todas las casas de la Congregación, personalmente o por delegados, y tener en cuenta para ello lo que está escrito en las Constituciones.
  18. Le ruego también ordenar que no se pierdan mis sermones; que los haga empastar para conservarlos para la Congregación: y si quedan algunos de los libros que he escrito para bien de las almas que los haga imprimir; ojalá se pueda editar cuanto he escrito en un solo volumen.
  19. Suplico a todos los superiores de la Congregación que estudien y practiquen seriamente las normas de su cargo; que hablen sin cesar a sus súbditos con sus obras y su ejemplo y que los gobiernen con toda caridad, bondad y afabilidad. Insto a los verdaderos hijos de la Congregación a que manifiesten el respeto, el afecto y la obediencia debidos a quienes representan a nuestro Señor Jesucristo. Porque del cumplimiento de los deberes de todos, superiores e inferiores, depende la perduración y la felicidad de la Congregación.
  20. He recibido de nuestro querido hermano Ricardo le Moine valiosa ayuda en todas mis necesidades materiales a lo largo de muchos años; ruego a todos mis hermanos, en especial a mi sucesor, que tenga por él la misma caridad que tendría por mí, si yo estuviera todavía en este mundo.
  21. Finalmente, me doy de todo corazón a mi amadísimo Jesús y me uno a las santas disposiciones con que él y su santa Madre y todos sus santos han muerto. Acepto por amor a él todos los sufrimientos del espíritu y del cuerpo de mis últimos días; deseo que mi último suspiro sea un acto de purísimo amor a él y le suplico que acepte y conserve para la hora de mi muerte los sentimientos y actos de piedad señalados en el presente documento.

Tal es mi testamento. Suplico con toda humildad a mi amabilísimo Salvador y a mi bondadosísima Madre, que, por su benignísimo Corazón, ser el albacea para que todos los artículos en él contenidos se cumplan en la forma que más plazca a la adorabilísima voluntad de Dios.

Amen, Amen. Fiat, fiat. Ven¡, ven¡, ven¡, Domine Jesu.

Hecho en París, el 24 de abril de 1671.

JUAN EUDES Presbítero Misionero de la Congregación de Jesús y María

Adición

Para no caer en extrema ingratitud hacia mi queridísima hija en nuestro Señor, mi primogénita, Ana Le Haguais, señora de Camilly, a quien nuestro querido hermano, señor de Than, asoció, con sobrada razón, con él en la fundación de nuestra casa de Caen porque Dios le dio un corazón de madre para con la Congregación y en especial con esta casa a la que ha hecho todo el bien que ha podido, suplico a todos mis hermanos que la consideren y honren en calidad de tal y que le rindan durante su vida y después de su muerte lo que se debe a la fundadora y la madre de una congregación. Le dejo algo que me es muy precioso: una pequeña imagen de la Virgen que llevo colgada al cuello en un estuche de plata, en el que se halla también un fragmento de la verdadera cruz. Dicha imagen me fue dada de parte de la misma Virgen como prueba de la alianza especial que me hizo la gracia de contraer con ella.

Hecho en París, el 1 de marzo de 1672. JUAN EUDES Presbítero Misionero

Donación de su Corazón

El 13 de enero de 1678 hice donación de mi corazón a mis amadísimas hijas en nuestro Señor, las Religiosas de Nuestra Señora de la Caridad, establecidas en Caen, para que sea enterrado en su monasterio. Tal es mi voluntad que deseo se cumpla y por ella ruego a los presbíteros de nuestra Congregación. En prueba de ello, he firmado.

JUAN EUDES

Presbítero Misionero de la Congregación de Jesús y María

 

Revocación de la donación

Revoco la donación que hice de mi corazón a las religiosas de Nuestra Señora de la Caridad y deseo que mi cuerpo y mi corazón sean sepultados juntos en nuestra iglesia del amabilísimo Corazón de Jesús y de María.

Hecho en Caen, el 18 de septiembre de 1678.

JUAN EUDES

Presbítero Misionero de la Congregación de Jesús y María.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.