Octubre, mes de las mISIONES

Mes de las misiones

Cuando hablamos de misión debemos hacer referencia a que hay varios tipos de misión en el que la persona debe cumplir un propósito, por ejemplo, supervisar o vigilar. Pero, en este caso hablamos de la misión de la Iglesia, de los misioneros, encargados de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo muerto y resucitado. Desde los inicios de la era cristiana Jesús fue el mayor ejemplo de misión. Siendo Él mismo testimonio de la Palabra hecha Carne y presente entre los hombres.

Por lo tanto, cuando hablamos de la misión en la Iglesia, nos referimos a que desde nuestro bautizo estamos llamados a ser sacerdotes, profetas y reyes, es decir, que estamos invitados como diría San Juan Eudes a un “contrato de Alianza con Dios”. (cfr. OE, I) Entonces, como bautizado debemos ser promotores de la nueva evangelización en nuestra Iglesia y en el mundo, tal como lo ha pedido el Papa Francisco “ser una Iglesia en salida”. En este sentido, debemos salir de nuestros encasillamientos, para así, poder explorar caminos no conocidos, dando respuesta a la llamada de Dios en aquel que sufre y necesita de su Palabra.

 La misión es para mantener una fe viva que es el alma y mantiene viva la piedad del pueblo de Dios, ser misionero es contemplar el rostro misericordioso de Dios. La misión es ser testigos del evangelio, predicadores a tiempo y a destiempo, es decir, a cada instante. Ser misionero es ser testigos de Dios hasta los confines del mundo. Debemos apostar por la misión porque donde termina una comienza otra.

Esto implica ser no solo un misionero de Palabras sino también de acompañamiento, un apóstol misionero. En el camino de la misión vamos avanzando, construyendo caminos de hermandad, fraternidad, pero, más que eso es dejar las huellas de Cristo. “Jesús es el corazón de la misión” (cfr. Evangelii Gaudium 35-36) y somos impulsados por la gracia del Espíritu Santo, llevando a los hombres al pleno conocimiento de la Palabra haciendo que la misión tenga un sentido extraordinario. Y, el mayor ejemplo de misión es María nuestra Madre Misericordiosa, ella es ejemplo de discípula, de servidora, de entrega y misión. Con María nos acercamos a tener un corazón abierto a la misión y dispuesto por el bien de los demás.

La misión es corazón a corazón. Hoy día vemos cómo la misión de la Iglesia ha disminuido en algunos países, pues, las condiciones políticas, económicas y sociales, aunado a ello la actual pandemia que impide tener un acercamiento directo con el pueblo de Dios, con ese corazón a corazón. Pero, en medio de este constante devenir del mundo, estamos llamados a inventar nuestro país, a que esta realidad que afrontan todas las personas sean momentos, para decir “heme aquí Señor, envíame a mi” (cfr. Is. 6, 8) y, con un corazón dispuesto, porque Jesús nos prometió que siempre estaría con nosotros, no debemos dudar que Él hará la obra, solo tenemos que poner de nuestra parte, salir de la zona de confort, así, llegaremos a ser buenos propagadores del evangelio de Cristo.

Sin embargo, ¿cuándo es difícil ir a la misión?, cuando estamos apegados a las cosas del mundo, a lo material. Queridos hermanos no dejemos de lado la misión por estas cosas vagas y sin sentido. Sin la misión, Cristo quedará desplazado, los que aún no lo han conocido quedarán en un abismo de búsquedas de respuestas. Por eso, debemos innovar cada día. Ciertamente la misión es un reto, pero, en esa prueba es donde nos fortalecemos y fortalecemos la fe. El bien siempre tiende a comunicarse, por tanto, por medio de la misión comunicamos el supremo bien, la suprema Palabra, Dios que se hace vivo y presente, sirviendo amorosamente a la Iglesia.

La misión es importante para nuestra vida, pues, gracias a ella somos testigos de que Cristo está vivo y vive en nuestro Corazón. Entonces, vayamos a la misión con Corazón grande y ánimo decido, Juntos para la misión. Contemplando el rostro de Cristo en aquellos que sufren y que son maltratados. Hermanos tenemos un gran compromiso, ¿están dispuestos a asumirlo? Pidamos la gracia del Espíritu Santo, para ser dóciles a la misión y podamos ser misioneros de la misericordia. Sigamos trabajando por la misión en nuestras zonas pastorales y fuera de ella. Y, finalmente, como dice San Juan Eudes, podamos dedicar lo que nos queda de vida al servicio de nuestro Maestro en favor de la misión.

Siefgried Núñez

Formando Eudista

1 comentario en “Octubre, mes de las misiones”

  1. Agradecemos al formando Siefgried Núñez por el artículo que nos habla sobre la importancia de ser misioneros, tal como san Juan Eudes nos invita a serlo. Que Dios lo bendiga.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.