Los Apóstoles, enviados para ser testigos y comunicar la verdad

Los apóstoles

Realizar este artículo sobre los Apóstoles, hace que recuerde las clases de Evangelios sinópticos. ¡Que grato es volver al primer amor!, recordar las clases magistrales y la pasión del padre Hermes nuestro profesor al impartir los contenidos sobre la materia.

Dios en su infinita misericordia ha enviado a la humanidad a su propio Hijo, y Jesús el enviado del Padre constituyó a un grupo de doce discípulos a los que llamó “Apóstoles”. El término «apóstol», según el nuevo diccionario de espiritualidad deriva del griego y significa enviado. (Fiores, 1983).

Cristo es el primero y el más grande Apóstol en quien hemos de poner nuestros ojos; mediante el llamado y envío de hombres ha querido que su obra continuase en el mundo, y llama como llamó Dios a los profetas veterotestamentarios, a un grupo de seguidores, los discípulos y los doce Apóstoles. Son dos grupos íntimamente relacionados, y separables: los discípulos componen uno amplio, del que fueron elegidos los Apóstoles, sólo forman parte los componentes de la lista dada en Marcos 3,16-18. (Aguirre & Rodríguez, 1992).

Los Apóstoles proceden de la iniciativa gratuita de Jesús que los llama, mostrándoles un proyecto de salvación, invitándole siempre a conocerle, a romper incondicionalmente todo vínculo e impedimento, a tomar parte en su vida, y por consiguiente, al servicio de la causa del Reino de Dios: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda creatura” (Mc 16,15); “Serán mis testigos … hasta los confines de la tierra” (He 1, 8). (Aguirre & Rodríguez, 1992).  En este sentido, los apóstoles con su llamado aceptan también las pruebas y persecuciones que acompañan a cuantos quieren vivir en Cristo y dar testimonio de él, quien con su vida, pasión, muerte y resurrección ha llevado a cabo las acciones salvíficas y se ha convertido en el sacramento del nuevo encuentro con Dios.

Cabe destacar, que los Apóstoles vieron al Resucitado, fueron a la misión y dieron testimonio, a pesar de la incomprensión y abandono inicial. Son testigos de Jesús, teniendo experiencias especiales de su misión: son testigos de su poder sobre la muerte (Mc 5,37), de su transfiguración y del testimonio que le dio el Padre, confirmando su camino de muerte y resurrección (Mc 9,2.7), y de su angustia mortal en Getsemaní, donde les invita a velar y orar junto a él para no entrar en tentación (Mc 14,33s.38).

Todo esto implica inseparablemente identificarse con su misión al servicio del Reino, y no sólo están íntimamente unidos a Jesús, sino también entre ellos, formando una nueva comunidad, que es la familia que encontrarán los que lo dejan todo (Mc 10,28-30). Los Apóstoles nos enseñan que esta fraternidad es real, no es un sueño, es el proyecto que se cumple cuando sus miembros hacen la voluntad de Dios (Mc 3,35) y viven en actitud de servicio, poniendo en común los dones, excluyendo todo afán de imponerse sobre los demás y de poseer de manera egoísta los bienes de este mundo. (Aguirre & Rodríguez, 1992). En este sentido, la comunidad apostólica tiene carácter misionero, en su calidad de discípulos, han de aprender del Maestro al que siguen. Son testigos de las palabras y obras de Jesús, en actitud de servicio, donación, adhesión a Cristo, y renuncia al mundo; ya que fueron llamados para estar con El: por esta causa aparecen siempre junto a Jesús, a veces solos, como en el primer milagro de los panes (Mc 6,6b-7,37) y durante la actividad final en Jerusalén, hasta que le abandonaron (Mc14,50). (Aguirre & Rodríguez, 1992).

Sin embargo, para comunicar en Cristo con la voluntad del Padre, los apóstoles son dóciles a las inspiraciones del Espíritu, aunque se puede notar a lo largo del Nuevo Testamento la fragilidad humana de los mismos, lo importante es que todos los discípulos, con los Apóstoles a la cabeza, han de comprender y asumir el camino de muerte y resurrección de Jesús, han de “ver al Resucitado” en Galilea, convirtiéndose en testigos verdaderos, y han de ir con ánimo a la misión, a pesar de las dificultades, como la incredulidad y la persecución, que son el ambiente normal de la actividad de Jesús antes y ahora.

En fin, no se puede ser apóstol sin conocer, convivir y seguir a Jesús; en palabras que todos conocemos, no se puede ser misionero sin “Formar a Jesús”, viviendo en medio de la comunidad, con las virtudes y defectos a ejemplo de los que en medio de la fragilidad respondieron con aciertos y desaciertos al llamado de Jesús, hasta entregar la vida como su Maestro, es un gran desafío para la Iglesia, en especial la familia eudista vivir como las Apóstoles, amándonos como las primeras comunidades. Que los santos Apóstoles intercedan por nosotros para continuar y completar la vida y obra de Jesús en este mundo.

Pbro. Franklin Echenique CJM

Referencias:

Aguirre, R., & Rodríguez, A. (1992). Evangelio Sinópticos y Hechos de los Apóstoles. Estella.

Fiores, E. d. (1983). Nuevo Diccionario de Espiritualidad . Paulinas.

3 comentarios en “”

  1. Agradecemos al Padre Franklin por este artículo que nos recuerda a la primera comunidad que formó Jesús y que ahora somos nosotros. Muchas bendiciones

  2. Lydia Palacios Ramírez

    Gran reto el de derivado de ser apóstol, elegido para la misión, P. Franklin que el Santo Espíritu siempre sople en ti para llevar con esmero tu trabajo como apóstol del Corazón de Jesús y María en la construcción del Reino.

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