Lucero que no conoce ocaso: La Resurrección de Jesús

Jesucristo resucitado

¡El Señor ha resucitado! es la exclamación de un pueblo en fiesta, por el triunfo de Cristo sobre el dominio de la muerte; Jesús que, en un acto de máxima obediencia, es fiel al proyecto de su Padre hasta las últimas consecuencias, trayendo consigo, tras el trago amargo de la cruz, la victoria definitiva sobre el pecado, la muerte y el mundo.

¿Podremos hoy volver a exclamar con gozo exultante esta frase jubilosa? Venezuela pasa por el suplicio de la cruz; sigue cargando la cruz de la corrupción y la indiferencia, del egoísmo y la conveniencia, del abuso y de la enfermedad.

Hoy son muchos los venezolanos que sufren por no tener el dinero para comprar sus medicamentos, madres que dañan sus pulmones cocinando a fogón, jóvenes y ancianos que caminan largas cuadras para obtener el suministro del agua tan necesaria para la vida cotidiana, familias enteras que se acuestan con sólo una comida al día o ninguna; niños abandonados por sus padres por el fenómeno migratorio, y ancianos que mueren solos por la misma situación. Todo esto, fruto de malas políticas gubernamentales y por los altos índices de corrupción social, es decir, consecuencia de un pecado estructural profundo. A esto se le suma una pandemia que sólo pone en evidencia la pesada cruz que ya desde hace muchos años arrastra este bendecido país.

Al encender el cirio pascual en la vigilia, podemos ver que, en medio de una espesa oscuridad, una luz hace la diferencia. Cristo muestra la luz de la resurrección a sus apóstoles, haciendo que todos los que antes le habían negado por temor, después fueran capaces de entregar la vida. Esto es lo que me encanta de la crudeza de los evangelios; muestran a unos apóstoles con esquemas tan alejados del proyecto de Jesús siguiéndole, hasta que se confrontan cara a cara con el misterio pascual y terminan creyendo hasta el punto de morir por el reino de Dios.

Son las apariciones del resucitado las que confirman la obra de Dios, las que demuestran la victoria definitiva sobre la muerte y las que nos enseñan que todas las promesas de Cristo se cumplirán. Los apóstoles recibieron toda la riqueza del resucitado, quien les abrió el entendimiento, les dotó de la paz, y les mostró el camino.

Cristo enciende en Venezuela la luz de la esperanza, él ha vencido y nosotros venceremos con él. Con una fe clara y decidida podremos seguir detrás del maestro, quien sigue marcando la pauta, enseñándonos el camino: amar hasta las últimas consecuencias. Para poder resucitar con Cristo se hace necesario morir a todo lo que alimenta este pecado estructural que azota a nuestros pueblos. Aunque un palo no hace montaña como dice el refrán, un testimonio si puede cambiar al mundo.

Es tiempo de morir a vicios partidistas que sólo favorecen a quienes llevan los hilos del estado, tiempo de morir al indiferentismo ante la necesidad que sufren muchos de los venezolanos, tiempo de levantar el cirio pascual bien en alto con la voz profética de un pueblo que defiende los derechos de los que no tienen voz. Es el tiempo de asumir el reto de ser las manos de Cristo, para sanar al enfermo, los pies de Cristo para llegar hasta el marginado, la mirada de Cristo para comprender la realidad del pecador, y el Corazón de Cristo para amar como Él nos amó. Que San Juan Eudes, misionero de la misericordia, interceda por nosotros, en esta exigente misión. Hoy Venezuela necesita que tú y yo le devolvamos la esperanza en el resucitado. Feliz pascua de Resurrección.

P. Erick Ceballos, cjm

5 comentarios en “Lucero que no conoce ocaso: La Resurrección de Jesús”

  1. Agradecemos al padre Erick Ceballos por su excelente artículo sobre las implicaciones de la Resurrección de Jesús para nuestra vida cristiana. Que Dios le bendiga.

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