Fundados para formar a Jesús en las almas cristianas

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En el marco de los 378 años de fundación de la Congregación de Jesús y María, Padres Eudistas, movidos por el carisma fundacional de formadores y evangelizadores, nos envuelve el ardor por la formación de Jesús en el corazón de todos los hombre, en este tiempo de pandemia es apremiante más que nunca ser misioneros de la misericordia, buenos obreros del Evangelio como aparece en nuestras constituciones en el numeral 10, fieles servidores de Cristo y la Iglesia, es el mismo anhelo de nuestro padre fundador San Juan Eudes, que inspirado por el Espíritu Santo e impulsado por su experiencia espiritual funda en 1643 la CJM.

San Juan Eudes al predicar numerosas misiones en Normandía y en varias diócesis de Francia, entraba en contacto directo con el pueblo de Dios, esto le permitía conocer los problemas de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo, viviendo a plenitud su ser sacerdote misionero de la misericordia en medio de tantos indefensos y oprimidos, un realidad que no es diferente a la crisis que vive el mundo actualmente a causa de este terrible mal del Covid 19,  que está acabando con la vida del pueblo de Dios, desesperación, tristeza, llanto, dolor, hambre, desempleo, y la muerte de muchos hermanos nuestros que minuto a minuto, día tras día pierden la esperanza ante una posible cura, por lo cual sólo sanará la herida física, sin embargo las heridas del alma tendrán sus secuelas, un llamado a ser de manera radical lo que nuestro padre soñó con su fundación, ser pastores según el Corazón de Dios, es decir, auténticos curas de almas.

Este gran santo del siglo XVII, se interesaba mucho por los pobres, le gustaba hablar con ellos y acogerlos en el confesionario; hizo escuchar su voz, de pastor según el Corazón de Dios, consolador, médico y abogado, que sabe cargar consigo las miserias de los miserables, los llevó a pastos frescos para aliviar sus penas; por eso para él fue necesario y urgente que los frutos de las misiones permanecieran después del paso misionero, y sólo se podía lograr con los pastores de los lugares de misión.

Recordando un poco nuestra historia fundacional en el libro San Juan Eudes artesano de la renovación cristiana, p. 70ss. Paul MILCENT describe que para construir las bases fundacionales de la Congregación, el padre Eudes centró su esfuerzo en la formación de los pastores; por lo tanto la puesta en marcha de los seminarios era necesaria, sin embargo no le fue fácil llegar a fundar; hubiera querido hacerlo en el seno del Oratorio, por diversas razones toma el riesgo de separarse de sus hermanos, trabajó duro para alcanzar el permiso de una fundación que le permitiera crear “una compañía y sociedad de sacerdotes que habrán de vivir juntos en comunidad, bajo el nombre y título de SACERDOTES DEL SEMINARIO DE JESUS Y MARÍA” dedicados a imitar y continuar en la tierra la vida, las prácticas y las funciones sacerdotales de Jesucristo, la vida cristiana como la describe el padre Eudes en su obra Vida y Reino es la continuación y el cumplimiento en nosotros de la vida de Jesucristo el Verbo Encarnado, tema de contemplación de la Escuela de espiritualidad Francesa; garantizando la instrucción del pueblo en la doctrina cristiana por medio del carisma que nos caracteriza formadores y evangelizadores.

Con la muerte de Richelieu se inquieta y parece oscurecerse la tan esperada fundación, sin embargo no dejó de trabajar en lo que necesitaba para consolidar su obra, con la decisión de los primeros sacerdotes, se dice que arrendó una casa cerca de la residencia de los jesuitas, y el 7 de marzo de 1643 envió al padre Pedro Jourdan a Bayeux para presentar al señor obispo el documento real,  monseñor d’Angennes respondió con presteza y manifestó complacido su acuerdo.

Paul MILCENT en este mismo libro p. 73ss describe el momento en el que reconocemos nuestro origen como familia eudista, un  martes 24 de marzo de 1643, en las víspera de la Anunciación, Juan Eudes y sus compañeros (Simón Mannoury, Tomás Manchon, Pedro Jourdan, Andres Godefroy y Juan Fosse) tomaron la ruta en dirección al mar, tres leguas y media de camino, rumbo al viejo santuario mariano de la Délivrande, fueron orar, velaron y confiaron a la Santísima Madre la Virgen María su frágil empresa, en el misterio donde acoge en nuestra carne al Verbo de Dios, y restablece en Jesús su Hijo, una prestigiosa alianza de amor entre Dios y la humanidad. El siguiente día 25 de marzo de 1643 celebraron la Eucaristía en la Solemnidad de la Encarnación, fundando la Congragación de Jesús y María, al servicio de la Iglesia en el mundo, mediante el ejercicio de “los seminarios y las misiones” como lo explica las Constituciones en los numerales 23-34.

La motivación esencial de su fundación fue misionera, no eran centros de estudios como conocemos actualmente, sino casas animadas por pastores para formar pastores, sacerdotes u ordenados que se recibían por un periodo breve, para darles una formación pastoral y espiritual. Para él fue importante trabajar en la salvación y santificación de los eclesiásticos, porque equivale a salvar a los salvadores, dirigir a los directores, enseñar a los doctores, apacentar a los pastores, iluminar a quienes son la luz del mundo, santificar a quienes dan la santidad a la Iglesia y desempeñan en la jerarquía de la Iglesia la función de Serafines y Querubines en la patria celestial, así lo describe en las Obras Completas  p. 417 -418.

Debe ser nuestro deseo, cuidado y ocupación principal formar a Jesús en nosotros, es decir, hacerlo vivir y reinar en el corazón del hombre, hacer vivir y reinar en nosotros su espíritu, sentimientos, inclinaciones, su devoción, sus virtudes, y disposiciones, en palabras de San Pablo “Hijitos por quienes sufro de nuevo dolores de parto hasta que Cristo tome forma en ustedes” (Cf. Ga 4,19). Motivación que se actualiza con lo que nos ha invitado a vivir la 66 asamblea general, por lo cual no podemos perder de vista este llamado de Dios a través de misma, ya que estamos animados por el espíritu de Jesús a vivir de su vida, marchar tras sus pasos, estar revestidos de sus sentimientos e inclinaciones, santificar nuestras acciones ordinarias con las disposiciones e intenciones con las cuales él hizo las suyas. En este tiempo de pandemia el carisma fundacional de nuestro padre San Juan Eudes está más vivo que nunca, los eudistas de esta generación tenemos la tarea de hacer vivir y reinar, continuar y completar la vida y obra de Jesús en los corazones de todo el mundo, con el mismo celo que movió a San Juan Eudes y sus compañeros a fundar lo que hoy tenemos como herencia espiritual.

Con esta hermosa celebración queremos elevar nuestras oraciones por todas las familias que hoy en medio del dolor, la tristeza y el peligro ante este terrible mal del covid 19, se siente amenazadas, y estamos seguro que el Jesús que se está formando en el corazón de los hombres, es el mismos de ayer, hoy y para siempre, el enviado del Padre Misericordioso para salvar al hombre del pecado, y establecer nuevamente su alianza de amor desde la Cruz del calvario que se actualiza todos los días en el Sacrificio Eucarístico; comprando para Dios hombre de toda raza, lengua, pueblo y nación (Cf. Ap 5,9) por las aguas del bautismo contrato de alianza entre Dios y el mismo hombre, donde se dona como Padre y nos recibe como a sus hijos. En medio del dolor, en el cual está sumergido actualmente el mundo entero no queda más que agradecer a Dios por el regalo de su Encarnación, y el nacimiento de la Congregación de Jesús y María, que la misma será ejemplo y modelo de la presencia de Cristo que se da como víctima y ofrenda en la cruz, muere por amor y Resucita para salvar a los suyos.

Te adoramos Padre porque desde siempre has amado a la Congregación, árbol de vida plantado en el seno de la Iglesia, te damos gracias precioso Jesús porque estas animando a tu pueblo por medio de este carisma formadores y evangelizadores, bendito seas por siempre Espíritu Santo porque nos inspiras para seguir trabajando al servicio de la Santa Iglesia, te pedimos perdón cuando somos infieles al llamado urgente de la evangelización y dejamos de cargar en nuestros corazones las miserias de los miserables, te entregamos Trinidad Santísima todos los planes y proyecto de esta gran obra de amor que soñó tu gran siervo san Juan Eudes, que la Madre del Amor Hermoso interceda por nosotros. Amén.

VIVA Y REINE JESÚS Y MARÍA…                   EN NUESTROS CORAZONES

P. Franklin Echenique, cjm

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